El Misterio de Salem’s Lot sigue al escritor Ben Mears, quien regresa a su ciudad natal de Jerusalem’s Lot en busca de inspiración para su próximo libro, solo para descubrir que el lugar está siendo dominado por un vampiro sediento por sangre.
Nos encontramos en la desesperada necesidad de que alguien le haga justicia a los vampiros en el cine. Monstruos de elegancia, garbo, magnetismo y malicia sin igual, han sido reducidos a despojos cinematográficos, tratados sin cariño y ni siquiera con el respeto que se merecen.
Sin duda es difícil adaptar una novela tan querida y con tanta mitología de Stephen King, pero es una pena que la tensión que logra la literatura del icónico autor sea mermada por una necesidad incontenible de generar sustos fáciles con la sobre exposición del monstruo.
Y ¿qué es lo que logra? Exactamente lo contrario. A diferencia de la historia original, la película mata el misterio de una sola vez. No hay intriga o suspenso. En consecuencia, no hay atmósfera.
La construcción de los personajes es prácticamente nula. Las interacciones de los mismos parecen coincidencias forzadas. Toman decisiones que carecen de justificación, sus relaciones no tienen conexiones fuertes y para remate no se siente mucha más química cortesía de unas pobres actuaciones.
Es una adaptación que sacrifica todo el sustento de la historia por mostrar unas cuantas mordidas y otras tantas muertes por estacas. Pero nada importa, porque el espectador sólo asiste a una película cuya trama avanza de manera acelerada y condensa lo más posible el texto fuente sin una pizca de vergüenza.
Las intenciones del villano apenas se explican, cuando parece haber un esquema mayor en la planificación de conquistar el pueblo. Los créditos iniciales insinúan mucho más sobre esto, que lo que cuentan las dos horas posteriores. Sí, dos horas que realmente no terminan nunca.
El Misterio de Salem’s Lot finalmente se queda como un esfuerzo fallido en el retrato del vampiro. No revitaliza al monstruo en la cinematografía mundial, maltrata la obra original, hace añicos una narrativa interesantísima y remata con un cierre absolutamente deslavado, testimonio de ser una víctima más de las eternas postergaciones y un tortuoso camino de producción.