Robot Salvaje sigue el épico viaje de un robot -la unidad 7134 de Roz, «Roz» para abreviar- que naufraga en una isla deshabitada y debe aprender a adaptarse al duro entorno, entablando gradualmente relaciones con los animales de la isla y convirtiéndose en madre adoptiva de un ave huérfana.
2024 ha entregado tremendas películas de animación, pero sin duda ninguna de las anteriores había sido tan absolutamente certera y redonda en sus resultados, al lanzarse a hacer una exploración de la imperfecta humanidad, como lo logra The Wild Robot. Eso, a pesar de que se trata de una historia poblada netamente por máquinas y animales.
El director Chris Sanders, el mismo tras Cómo Entrenar a Tu Dragón y Lilo & Stitch, logra tocar las teclas precisas para que el espectador ineludiblemente conecte con sus emociones y experiencias en una amplia gama de temáticas.
Sinceramente, este es un bastión con la demostración absoluta de cómo la animación puede llegar a ser una gran herramienta para entender el comportamiento de las personas y su desarrollo, a través de los sucesos que te van moldeando como el ser único que puedes llegar a construir.
Mientras está cruzada por unas visuales bellísimas, que coquetean con distintos tipos de artes pictóricos y que no dejan nada más que encanto y satisfacción para los ojos; la película tiene los suficientes atractivos como para capturar la atención de los niños, así como también golpear con un viaje introspectivo a los padres.
Sus mensajes hablan de las dificultades de la crianza y, principalmente, cómo ninguna mujer está preparada para la maternidad. Se trata de un talento que se aprende a medida que se experimenta. Resolver las dificultades que aparecen en el camino puede ser agobiante y ese territorio inexplorado puede tornarse inhóspito, pero son el curso orgánico de la naturaleza. Hay que despojarse de las reglas estrictas, trazar objetivos y navegar lo mejor que se pueda por la tempestad.
Y cuando la banda sonora de Kris Bowers no hace más que aumentar lo glorioso de esta travesía sensorial; la narrativa aborda cómo descubrir el potencial de uno mismo sin importar los cánones sociales, porque finalmente todos podemos existir siendo mucho más que una simple programación.
Por lo mismo, en tiempos de guerras, alta corrupción y en un mundo en que las interacciones entre la población mundial a veces están demasiado cargadas de odio, The Wild Robot se la juega por transmitir que la amabilidad sencillamente se ha vuelto una habilidad de supervivencia. Además, de que el sentido de compartir en comunidad, anular las diferencias y ayudarse mutuamente, se alza como la única forma de enfrentar adversidades que parecen no tener solución.
Hay que hacer una mención especial para el elenco de voces originales, en que Lupita Nyong’o brilla por la sensibilidad con que dota a Roz, la robot protagonista; y dónde Pedro Pascal se luce como Fink, el zorro paria del bosque que esconde sus traumas con su personalidad sinvergüenza, cuando su único anhelo es sentir cariño y amor.
Entonces, llega un punto de no retorno en la película donde todos los simbolismos de sus temáticas se combinan y es prácticamente inevitable ver cómo termina la trama sin tener lágrimas en los ojos, junto con un nudo muy apretado en la garganta.
La capacidad de Robot Salvaje para golpear en lo más profundo de las sensaciones es gigantesca. No ha habido otra película este año que llene tanto el corazón y entretenga en altos niveles al mismo tiempo, combinando secuencias de acción, ternura y un humor que por momentos se vuelve bien oscuro -pero que es parte inmanente de lo salvaje de la vida-. La película tiene alma de clásico y ojalá su impacto perdure por generaciones.