En No Hables con Extraños, cuando una familia estadounidense va invitada a pasar un fin de semana en la idílica finca campestre de una encantadora familia británica que conocieron en unas vacaciones, lo que comienza como una escapada de ensueño pronto se convierte en una retorcida pesadilla psicológica.
Lo que muchos dirán sobre esta película es que se las arregla para generar una atmósfera de suspenso agobiante. Ciertamente incómoda de ver. Con una trama que se desarrolla a punta de una fachada de amabilidad y cortesía social que llega a ser enervante, al ignorar las múltiples red flags que reclaman a gritos el escape de las diversas situaciones que se generan entre dos familias. Por un lado, está la que toma el rol de anfitriones, con serios problemas de contención a la hora de interactuar; y la otra jugando a ser visitas tan sumisas ante los extraños comportamientos de quienes los reciben, que solo terminan por alimentan la desesperación del espectador.
Hay cierto nivel de realidad en eso. Porque consigue anotarse momentos que conspiran para mantener a quien observa al borde del asiento, ante la falta de reacción de los huéspedes. Mérito tiene también una gran actuación de James McAvoy con arranques rabiosos de antología y unos rostros malignos de temer.
De lo que no se hablará mucho es que este es un remake de una película original danesa con el mismo nombre que se estrenó en 2022. Obviamente, por estas latitudes no llegó a los cines, pero en el circuito internacional de festivales dio que hablar, sobre todo por los altos niveles de estrés e incomodidad que generó en los fans de los thrillers psicológicos, y por un final brutal que deja las cosas más bien a la imaginación de las audiencias, antes que diluirse en explicaciones innecesarias.
La verdad es que si la tensión se deja sentir en la versión estadounidense, la producción que la inspira genera un agobio muchas veces peor. Se trata de un examen sin concesiones a la maldad humana. Sin embargo, el remake a cargo de James Watkins suaviza tremendamente el tono de la tragedia para no herir sensibilidades y apelar a una audiencia más amplia. Lamentable.
Las comparaciones son inevitables cuando gran parte de la trama juega al calco de las situaciones, pero en 2024 esta historia genera de ciertas actitudes de los personajes que funcionan como alivios cómicos ante lo engorroso. Eso arruina la angustia de la experiencia, ya que con aquello sólo dan oportunidades para que en la sala se sientan unas tristes risas incómodas.
La versión americana también opta por ser sobre expositiva acerca de las intenciones de los villanos, buscando desesperadamente darle un sentido a sus acciones malévolas. En circunstancias en que la original, deja al borde del colapso al público y de paso sin mayores explicaciones sobre lo que se presencia, para que quien observa sea el que elucubre en su cabeza cuáles son las motivaciones de los antagonistas.
Lamentablemente, una vez que se desata el giro en la nueva No Hables con Extraños y se entiende lo que realmente está ocurriendo, la película se vuelve completamente genérica. Decanta en una especie de home invasion poco atractivo y que descansa en los laureles de la esperanza para las víctimas.
Con ello, el remate es poco arriesgado, cliché, para nada sorprendente, revelador o siquiera interesante. Todo muy “adaptación estadounidense”, poco provocativa y buscando alejarse de cualquier meta que constituya un poco de ejercicio cognitivo para el espectador.
No Hables con Extraños (2024) mantiene el mensaje sobre hasta qué punto las personas están predispuestos a ser amables y a mantener las apariencias, antes que ser sinceros y antagonizar a sus interlocutores. Cuánto hay de soportar sin explotar, y cómo resolver sin herir. Sin embargo, la forma en que lo entrega está pasada por un filtro que la lleva a ser poco desafiante y hasta opaca lo que logra construir la entrega de 2022, que es simplemente despiadado en su premisa.
Si eres amante del thriller psicológico con una resolución en que todo está explicado y se camina sobre seguro para cerrar en algo sin mayor brillo, esta película será un deleite para tus ojos. Pero si quieres poner a prueba realmente tus niveles de inquietud, ansiedad y pánico, lo verdaderamente mágico sería que este remake logre que el espectador se remita a ver la película original. Y que con eso compruebe cómo se comporta la maldad humana cuando una sonrisa incómoda no te salve de quedar al borde del desmayo.