Parpadea Dos Veces (Blink Twice)

Reseña de Parpadea Dos Veces: Una tonelada de furia femenina en erupción

En Parpadea Dos Veces, cuando el poderoso Slater King (Channing Tatum) conoce a Frida (Naomi Ackie), una camarera que trabajaba en su gala de recaudación de fondos, y la química es instantánea. Inesperadamente, él la invita junto a una amiga a su isla privada para ser parte de unas vacaciones con un grupo de personas. La situación parece soñada: noches divertidas y días bajo el sol. Todos están disfrutando este viaje, pero algo no está bien en ese lugar, y poco a poco Frida comienza a cuestionarse qué es realidad y qué no, mientras intenta encontrar una forma de salir viva de allí.

El debut en la dirección de Zöe Kravitz tiene un ingrediente muy común en el thriller psicológico, que siempre logra ser un poderoso gancho y termina desencadenando una especie de frenesí justiciero que, a la vez, detona un placer adictivo en el espectador. Hablamos de los ricos y poderosos entregándose al desenfreno y las extravagancias solo porque pueden, encontrando diversión en desmedro de personas arruinadas por la vida y sin importar las consecuencias; eso, hasta que la marea cambia y alguien los enfrenta para hacerlos pagar.

La película parte abordando y ridiculizando todos los clichés del influencer actual. Una figura que parece vacía, vive de la imagen y el culto al yo, aprovechándose del privilegio de tener un séquito de seguidores para conseguir beneficios. Esa persona famosa que, si en algún momento comete un error, lanza una disculpa por su comportamiento y cree que todo mal está saldado.

Un retrato que va muy de la mano con la figura del magnate tecnológico joven, cuya fama lo lleva a codearse con altas esferas del poder, ese plano en que la diversión gira en torno a la burla y el desprecio por el resto de los mortales. Se rodean de comodidades absurdas, comidas suntuosas y retiros espirituales para sanarse a sí mismos. Viven e irradian la farsa más grande para solventar la fachada de ser benefactores y ejemplos para el mundo.

Entonces entra una mujer que se ve complicada en su cotidianidad, tiene problemas para solventar el arriendo d un techo y quiere impulsar su pequeño negocio para salir del hoyo en que está. Básicamente, la víctima perfecta de depredadores al acecho.

“No tienes que hacer nada que no quieras” es la frase que termina disfrazando el horror definitivo que oculta la invitación fortuita a una isla remota. Las protagonistas se sienten atraídas por el desafío del anfitrión de dejarse llevar hacia el encanto, la relajación y el goce. Parece que son ellas las que están decidiendo. Sin embargo, subrepticiamente la labia de este autoproclamado líder parece mofarse de la libertad de escoger de las mujeres, mientras emana un misterio que al mismo tiempo es tan magnético como siniestro.

Aprovechando un montaje críptico, un guión con sabias decisiones y que siempre da pie a alimentar sospechas, Kravitz sumerge al espectador en un estado de alerta al entregar la sensación permanente de que algo no anda bien. A pesar de que todos dicen estar pasando un gran momento, distintas pistas apuntan a lo contrario.

Es difícil decir mucho más sin arruinar el giro. Pero mientras las dudas se van apilando, la directora reúne los suficientes elementos para incomodar al espectador de manera certera. Esto al mismo tiempo que demuestra un manejo del atractivo visual que está a punto, con una gran fotografía de cuadros hermosos y seductores, mezclados con una banda sonora que envuelve en el ambiente festivo. Todo ese caramelo para el ojo se mantiene incluso cuando la película desata toda su ferocidad.

Las actuaciones de Naomi Ackie, Channing Tatum y Adria Arjona impulsan desde distintas perspectivas lo terrible de la atmósfera que cultiva la película. Un ambiente que pasa del jolgorio a la violencia precisamente en un abrir y cerrar de ojos, para dar rienda suelta a un tercer acto demencial y tremendamente satisfactorio. Remate en que la maldad humana, que no merece mayores explicaciones, es finalmente castigada de una manera inesperada.

Parpadea Dos Veces logra transmitir la sensación de peligro que sienten las mujeres, tanto en su discurso como en las acciones retratadas. Esa inseguridad de recibir una invitación y luego terminar lamentando algo que nunca aceptaron. Así mismo, esta primera película de Zoe Kravitz tiene una afilada lengua para condenar la impunidad del hombre blanco privilegiado, que hace y deshace sin recibir castigo, en una sociedad que permite cosas como el caso de Jeffrey Epstein. Un suceso de la vida real del que la entrega toma muchos de sus oscuros aspectos para pintar el más perverso de los comportamientos humanos; hasta que, finalmente, una tonelada de rabia femenina hace erupción.

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