Longlegs

Reseña de Longlegs: Un horror que no perdona

En Longlegs, Lee Harker, una joven agente del FBI, investiga varios casos con un denominador común: un hombre mató a su familia, se suicidó y dejó una nota con símbolos satánicos. El problema: Harker descubre otra serie de coincidencias aparentemente imposibles entre las matanzas.

El miedo no solo tiene que ver con sustos repentinos, sonidos fuertes o el derramamiento de sangre; lo ausente, lo que no vemos, también logra estremecer. Lo tenebroso se relaciona además con la forma en que se cultivan los ambientes donde se mueven los personajes, las ramificaciones de sus decisiones y la carga incierta que acumulan de su pasado; sobre todo si se trata de algo interesante, que captura la atención y sorprende con su novedad.

Longlegs nos presenta una protagonista con la que no es fácil comulgar. De actitudes, acciones y afirmaciones que pueden parecer extrañas, porque no se ajustan al común denominador social. Es la forma en que se va desenvolviendo, mientras caza a un supuesto asesino en serie, lo que comienza a delinearla para que el espectador se abandere con su cruzada. La cacería no es lo primordial, sino la psicología de una cazadora que no es fácil de descifrar. Eso es el ingrediente principal de la atractiva intriga en este thriller de terror.

Maika Monroe se luce con la particular personalidad de una figura evidentemente dañada. La frialdad que demuestra y su desmoronamiento mientras desbloquea los obstáculos en su camino, dan cuenta de una oscuridad que ha calado hondo a lo largo de su vida. Es una actuación intrínsecamente vinculada a lo pérfido de la línea argumental.

Es fundamentalmente en torno a ella que se gesta un terror de atmósfera, cargado con imágenes perturbadoras e inquietantes, que buscan mantener al espectador en un estado de irritación. No entrega respuestas rápidas, tampoco recompensas para aliviar la curiosidad. Acumula y acumula dudas sobre sospechas, interrogantes sobre incógnitas. Eso hasta que eclosiona la devastadora verdad.

El director Oz Perkins se aprovecha principalmente del uso de la fotografía para alimentar esa incomodidad de quien observa, logrando acentuar el desempeño de Monroe a modo de complemento para una historia de ramificaciones inciertas y malévolos secretos.

El tiro de gracia lo acierta un Nicolas Cage más enfermizo que nunca. El legendario actor inocula en la película el imaginario de un ser demente, incomprendido, abusado y consumido por sus malignos objetivos, con apenas unas cuantas apariciones. Es que no necesita más. Entre arranques violentos, cánticos explosivos y comportamientos nerviosos acentúa todo lo terrible a su alrededor.

El remate de Longlegs no es más que la culminación de un horror que no perdona. Una de las películas del género que sí o sí hay que ver este 2024. Que escarba en las esquinas más obtusas de un universo psicológico que se nutre del miedo que infunde el culto al satanismo y asesta un golpe definitivo que queda dando vueltas en la cabeza, que retuerce de lo perverso. Si bien pondrá a prueba a los más impacientes con su ritmo pausado, Longlegs no tiene un minuto demás en su extensión, mientras construye el escenario de tus peores pesadillas.

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