Wade Wilson sufre una crisis de la mediana edad y decide dejar su trabajo como héroe / mercenario para dedicarse a vender vehículos usados. Pero cuando su familia, sus amigos y el mundo entero queda a merced de una gran amenaza, Deadpool recuperará su característico traje para salvarlos a todos. Con ese objetivo, se unirá a Wolverine, un poco reticente al principio pero juntos después, y harán un viaje por el multiverso para frenar el peligro.
A diferencia de sus últimos estrenos cinematográficos, ésta vez Marvel cumple con las expectativas -¡al fin!-. Pero no tiene que ver necesariamente con que detuvieran abruptamente la liberación de nuevas producciones y le dieran aire a su calendario, sino que Deadpool & Wolverine se defiende sólidamente como una historia tan cargada de fan services como de corazón.
No da la sensación de que ésta es la antesala a la espera de algo más grande que ocurrirá en la próxima entrega. Traza un objetivo y se esmera en alcanzarlo, con algunas sorpresas y algunos desaciertos de por medio, pero con saldo altamente positivo.
La película carga con el peso de ser una especie de reconfiguración del escenario para Marvel, con el ingreso definitivo de los X-Men a sus filas. Este es un ritual de conclusión para la era Fox de los mutantes, al mismo tiempo que es un abrazo de bienvenida para los mismos dentro del MCU.
La gracia y el descaro con que logran tamaña tarea es, sin duda, un viaje interesante y que vale la pena ver, sobre todo por la química infalible entre Hugh Jackman y Ryan Reynolds. La violencia que derrama sangre es testimonio de que el estudio ya no teme a hacer contenidos para adultos. Mientras que el humor de bien grueso calibre que ha caracterizado en pantalla al Mercenario Bocazas se ve potenciado aquí con burlas al mismísimo declive de Marvel en el cine, la compra de Fox por Disney, la cultura popular en general y hasta la hipersensibilidad de la sociedad actual ante ciertos temas.
Poco queda a la imaginación en escenas de combate realmente creativas, explosivas y con poderosa musculatura en exposición. Eso al mismo tiempo que no perdona el desgarrar el alma de los fans con conversaciones tremendamente sensibles entre los personajes, sobre todo cuando los protagonistas hablan de sus traumas personales.
Junto con ello, los diálogos traen consigo una fiesta de referencias, tanto a obras previas como al contexto externo de su producción y la mitología que envuelve a los involucrados en el desarrollo del argumento.
Se trata de una apuesta que se entiende de manera independiente, pero si se quiere disfrutar en todas sus dimensiones e impacto, es necesario al menos haber visto las primeras películas de Deadpool, la saga de X-Men de Fox y también las dos temporadas de la serie Loki.
Decir más sería spoiler, pero si te has embarcado en el universo de Marvel desde antes del estreno de Iron Man (2008), comprenderás sin problema la escala de todo lo que abarca Deadpool & Wolverine. Lo que busca consagrar y lo que quiere exorcizar.
Eso sí, por momentos la entrega peca de sobre exposición y aunque se ríe precisamente de eso, la falencia es real: quiere decir mucho, cuando un mensaje condensado podría haber sido más preciso y eficaz.
Por otro lado, los efectos especiales están mejor trabajados que en las entregas anteriores, a diferencia de la vergonzosa Ant-Man and the Wasp: Quantumania; pero existe algo CGI que evidencia una falta de trabajo en el departamento digital. Lo positivo es que son pasajes mínimos del largometraje, y perceptibles casi sólo para los ojos más exigentes.
Con más aciertos que errores, Deadpool & Wolverine es una película que quiere recuperar un universo alicaído e insuflarle vida. Pero también tiene mucho de nostalgia sabiamente utilizada, una emotividad que antes sólo se le había visto a Logan o a Guardianes de la Galaxia Vol. 3, y una sinceridad cómica con la que busca romper a cabezazos la cuarta pared, de manera efectiva y sin consesiones.