De noche con el Diablo - Late Night with th Devil

Reseña De Noche con el Diablo: El horror del show televisivo en su máxima expresión

Ambientada en la noche de Halloween de 1977, De Noche con el Diablo (Late Night With The Devil) muestra el caos que se desata cuando el presentador Jack Delroy entrevista a una parapsicóloga y a una joven adolescente que es la única superviviente de una matanza masiva en una iglesia satánica.

Buscando establecerse en un principio como falso documental y luego como un revelador archivo televisivo, esta entrega tiene un arsenal de atractivas perspectivas con la intención de elevar los niveles de ansiedad del espectador. Sobre todo cuando busca referirse al horroroso juego que desde siempre ha permeado a la televisión. Una dinámica que no sabe de empatías o sensibilidades, sólo quiere darse un banquete con el invitado de turno y exprimirlo al punto de que quede “sin vida” -mediáticamente hablando, por supuesto-.

Es que cuántas veces se ha visto a la televisión dando pasos en falso. Cuántas veces se ha aprovechado de la desgracia ajena o entregó información que no correspondía, sólo por detonar el rating. Cuántas veces ha quedado en evidencia que este medio masivo usualmente es controlado por personas sin escrúpulos que prefieren pedir perdón antes que solicitar permiso.

El personaje de David Dastmalchian es la representación de todo eso y más. El actor aquí rompe con todo su maldición que lo tenía relegado eternamente a papeles secundarios y más bien poco incendiarios. Siempre el extraño, el tímido, el que permanece en la sombras, con pocos diálogos y apenas entregando un gesto que haga moverse la historia. El aporte del “rarito” que dejaba descolocado e inquieto al espectador, a veces con sonrisa de incomodidad.

Acá no es ese. Acá rompe el molde Dastmalchian y se apodera con propiedad de la personalidad estelar de un animador televisivo con gran desplante aunque caído en desgracia, quien busca enderezar su camino mientras va a la caza de una fortuna que se le escapó de las manos. El caos se desata cuando este conductor se juega el todo por el todo, sin límites o vergüenza. Como rostro, pasa por todos los estados para dar vida al programa: es rimbombante, curioso, ambicioso, desalmado y no pide disculpas. Dastmalchian conjuga todo para que el juego televisivo se apodere de la historia y permanezca vivo en la perversión indolente de la puesta al aire.

Así se canaliza todo a explorar no sólo una noche lúgubre para un espacio en la parrilla de la caja chica; sino que escarba en la herida abierta de qué tan dispuesta está la televisión a presionar con su instinto depredador para conseguir auspicios y fama, para mejorar las audiencias y contentar a ejecutivos omnipresentes que demandan resultados; incluso a costa de provocar daño a terceros.

La tensión de la película reside en la capacidad de mostrar tanto lo que salió al aire como el tras bambalinas. Cosa que el espectador sepa que, a pesar de que el programa es un éxito, las cosas andan mal. El set se vuelve una zona de sacrificios. Invitados caen enfermos, se cuestiona su credibilidad, se humilla a personas, a otras simplemente se les hace sufrir; todo al ritmo de las melodías con tintes de jazz de la típica banda en vivo que acompaña. Todo es cínico, hipócrita, una burla de la burla; pero da lo mismo “el show debe continuar”.

En complemento al desempeño de Dastmalchian, el diseño estético de Late Night With The Devil es primordial para que la trama funcione. La imagen tiene las texturas de las antiguas transmisiones, grano en las imágenes y glitchs en las mismas aportan a los perturbadores sucesos. Las formas y colores del set te hacen viajar a los setentas. El ratio 4:3 de la imagen hace parecer que los personajes no tienen escapatoria, están atrapados con el demonio y el remate que explica la debacle es aún más terrible.

De Noche con el Diablo se aprovecha del sensacionalismo y el morbo que alimenta a la televisión, para crear una historia que mantiene al espectador atento y anhelando más. Con su receta para el caos rompe los nervios, nutriendo una atmósfera enrarecida con elementos sobrenaturales y colmada de incertidumbre sobre lo que ocurre. Es el horror del show televisivo en su máxima expresión.

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