MaxXxine

Reseña de MaxXxine: Sobre la obsesión con la fama, cuando ésta hace correr sangre

En Hollywood de los años 80, Maxxxine Minx (Mia Goth) al fin recibe su oportunidad para alcanzar el estrellato, pero cuando un misterioso asesino acecha a las estrellas de Hollywood, un rastro de sangre amenazará con revelar su siniestro pasado.

Cuando parece que las cosas comienzan a ir bien para Minx tras la masacre que enfrentó previamente en X, su pasado encuentra la forma de ponerla a prueba en una compleja situación que cambia el timón del género en esta franquicia.

Ya no es tanto un slasher erótico, sino que se inclina por el misterio policial y el suspenso. Pero los fans del horror no deben desconcertarse, se trata de un giro en el perfil de lo que había hecho el director Ti West hasta ahora, pero le da frescura y nueva perspectiva al leitmotiv de su trilogía: la furia femenina.

Por eso, la entrega aprovecha muy bien la época en que se instala. Mientras el fervor sexual de producciones con poca vergüenza adornan las calles de Los Ángeles, California, y grupos conservadores intentan censurar la producción artística musical; el pánico y la paranoia inundan la rutina de la población a propósito de que el llamado asesino en serie real conocido como Nightstalker anda suelto y en plenas faenas, tras sus víctimas.

La vibra inquietante del contexto aporta la atmósfera para que la película examine la principal obsesión de la protagonista: alcanzar la fama. La historia refleja cómo el anhelo patológico de ciertas personas por ser reconocidas no es cosa sólo de influencers, sino que está instalado en el mundo desde tiempos inmemoriales.

La distinción que hace MaxXxine es que aquí no están las redes sociales para «brillar» y sólo logras visibilidad si cultivas el verdadero talento. Minx demuestra esto desde el principio, pero mientras insiste en conseguir su objetivo, factores externos alteran su ascenso. Ella entonces, inestable emocionalmente, decide lidiar con sus problemas de la manera más radical posible. Ahí es cuando la sangre comienza a manchar el cuadro.

La perversión se mueve al ritmo de una banda sonora cargada de canciones que ensalzan considerablemente la experiencia y el viaje. Suena ZZ Top con Gime All Your Lovin’, mientras Maxxxine deja en claro que no se va rendir por más tortuoso que sea el camino. I’m Insane, de Ratt, adorna un pequeño triunfo de Maxxxine, pero también es el camino para que Welcome to the Pleasuredome, de Frankie Goes to Hollywood, comience a marcar el paso hacia el lado más siniestro de la ídola. Las melodías sin duda refuerzan el impacto de la producción.

Y claro, el desenfreno no tendría asidero si una fuerza opositora conservadora no estuviese en contra de las libertades de las personas. El extremismo político, la religión y la tradición quieren imponerse sobre las posibilidades de desarrollo creativo. Entonces, lo que la película retrata de 1985 ya no parece tan lejano a la realidad de 2024.

Si se ve MaxXxine con la mente abierta y sin las ataduras de encasillarla en un género, termina siendo una experiencia tan potente en sus mensajes como en el apartado de la entretención. Así como sus antecesoras, opera en múltiples planos como thriller psicológico, drama oscuro, algo de gore y hasta con un retorcido sentido del humor. Pero obviamente, nada funcionaría sin la soberbia actuación de Mia Goth, que cambia el switch de su actuación a gusto y sin falencias. Ella es la verdadera estrella en todo esto y con muchos méritos.

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