Reseña: Los Asesinos de la Luna, pura gloria cinematográfica

Los Asesinos de la Luna se adentra en una época cuando se descubre petróleo en la Oklahoma de los años 20. El fenómeno se da bajo las tierras de la nación nativa Osage. Entonces, sus pobladores son asesinados uno a uno hasta que el FBI interviene para resolver los crímenes.

Aquí hay un retrato de la historia norteamericana como no les gusta ver a los mismos estadounidenses. Uno que les deja en evidencia sus propios abusos y sinvergüenzuras. La belleza de la tragedia es puesta bajo la óptica de un hombre que sabe muy bien cómo plasmar individuos de intensiones grises, si es que no, totalmente oscuras. Martin Scorsese tiene clarísimo lo que está haciendo y se maneja con maestría. Esta es una prueba más de su osadía, su audacia y manejo a la hora de escarbar en las cochinadas del hombre blanco privilegiado que quiso arrasar con todo.

Los Asesinos de la Luna es un teje y maneje de corrupción. Un tira y afloja además de abusos de las influencias de ese individuo consumista, ambicioso sin límites y aprovechador. Una figura que legendariamente arrasa con quienes lo rodean, especialmente con los diferentes, con las minorías, con los verdaderos dueños de todo.

Puede que la historia esté anclada en Oklahoma, pero su alcance es transversal. Puede ser el blanco anglosajón arrasando con el nativo norteamericano; el español con el latinoamericano; el sionista con el palestino. ¿Cuánta avaricia hay en la naturaleza humana como para despreciar tan vilmente la misma vida, arrebatándole lo suyo?

No hay como Robert De Niro para ser este villano de doble estándar, que parece ayudar a la comunidad, mientras la apuñala por la espalda. Mientras la sigue destripando y le estruja lo que puede en beneficios.

No hay como Leonardo DiCaprio para convertirse en el segundón con carencias intelectuales del magnate aprovechador y traicionero. Un hombre tan ridículamente insignificante que termina siendo manipulado obscenamente para que sea el ejecutor del plan primordial en el gran esquema de la estafa.

En tanto, Lily Gladstone se presenta como una sólida contraparte femenina, que se pone a tono con las sobresalientes actuaciones principales. Ella brilla particularmente con ternura y arrebatos de llanto, con inocencia y brutal sinceridad.

Junto con las actuaciones abrumadoras, la banda sonora golpea desde un principio. Tiene tintes de rock, espíritu folk emanado desde el paisaje geográfico retratado, algo de country y un regusto a blues con visos de jazz. Las piezas creadas por Robbie Robertson son un ser de espíritu completo con corazón latiente y bombeando intriga, tensión, delicadeza, sorpresa, violencia. Sólo acerca a la perfección a la película.

Hay quienes se puedan quejar por la extensión de la entrega. Pero Scorsese se toma el tiempo que quiere y necesita para contar lo que desea. No apura, no sobre expone, es preciso. Con un delicado trabajo de montaje y edición. Pequeñas sutilezas te avisan el paso del tiempo y la respectiva expansión del retrato de los personajes. Lo que dura es lo que se precisaba para dejar fluir los acontecimientos.

No se exagera cuando se habla de Los Asesinos de la Luna como una obra maestra. Son 3 horas y 26 minutos de pura GLORIA CINEMATOGRÁFICA. Martin Scorsese dice que aún está buscando su estilo, y el público está aquí para admirar su destreza narrativa, estética y sonora. Además de demostrar que tiene un tacto especial para elegir los eventos precisos que evidencian su potencial consagrado. Scorsese puede decir lo que le plazca sobre el cine: criticar, elogiar, condenar, rescatar; sobre todo si esto es lo que entrega y tiene este nivel de material como respaldo. Absolutamente impresionante.